Chibet…un final feliz

Tras un paso fugaz por Kazajistán, nos despedimos de Almaty, una lujosa ciudad donde el dinero parece que tiene alas, desde la ventana del piso de Tas, nuestro WarmShowers, viendo un bonito atardecer. … por la mañana estaremos rumbo a la China…

 

Nuestro primer contacto… autobús “made in China”. Como las distancias por estos lugares son muy  largas, hay autobuses que en vez de asientos tienen camas y Zigor os puede asegura que “el tamaño importa”.

Todos los ciclistas que habíamos encontrado y que habían pasado por China, coincidían en una cosa… son los mejores haciendo carreteras… yo puntualizo, los mejores en cuanto a seguridad, comodidad, desnivel y me imagino que alguna otra cosa más… pero creo que el estudio de impacto medio ambiental se lo pasan por el forro.

Tras 24 horas ya estábamos en Urumqi, a mitad de camino. Nuestra primera impresión nada tuvo que ver con el concepto romántico que tenía en la cabeza… edificios altos y llenos de luces, calles limpias, todo muy igual… eso sí, jaleo de gente hablando o más bien gritando, y cuartos de baño que te cortaban las ganas antes de cruzar la puerta.

Es lo que parece… la primera vez que lo vimos no queríamos creer que vendían al vacío patas de pollo, pinchitos y todo tipo de carnes, y nada en el frigorífico… el primer indicio de que la comida por aquí no es muy fiable, a no ser que te de igual si lleva conservantes, saborizantes, estabilizantes y todos los “antes” del mundo.

Lolita, por aquí la gente joven se pone un nombre “inglés” para los extranjeros (aliens nos llama el gobierno Chino), pues pocas veces su nombre real es repetible, nos estuvo intentando enseñar algunas palabras… la cosa empezó bien… que si “hola”, que si “gracias”, “cuánto vale”… poco a poco se fueron complicando las frases, mientras tanto ella escribía en inglés lo que nos quería enseñar, después en chino y después su pronunciación… de forma que el folio comenzó a llenarse y aprovechaba cualquier huequito para seguir “enseñándonos”… el resultado fue un jeroglífico indescifrable.

Por fin llagamos a Xining, donde descansamos y disfrutamos nuestra primera comida china en China, antes de saber de la alegría con la que usan el glutamato monosódico (E621), un potenciador del sabor, que en un principio parece inofensivo, pues es uno de los aminoácidos no esenciales más abundantes en la naturaleza, pero que su consumo es perjudicial para el organismo. Puede que alguno hayáis escuchado eso del “síndrome del restaurante chino”, pues este síndrome está provocado por el glutamato.

Y allí nos encontramos con Laura y Aitor, nuestros amigos, y con Ibon, amigo de Aitor que vino de España. Listos para comenzar nuestra nueva etapa… dos meses por la parte Este del Tíbet  y otro por el Yunnan hasta la frontera de Laos… con dos extensiones del visado entre medias, montañas, ríos, monasterios… y alguna sorpresa que otra.

Los primeros días estuvimos pensando en poner como título de la entrada “China: en construcción”. Crean ciudades o barrios de la nada, edificios altos y modernos, casi todos vacíos, hay 63 millones de viviendas sin ocupar… Como con las carreteras, les da igual el paisaje o cómo es la ciudad en la que están construyendo, incluso muchas de las veces, destruyen lo antiguo para crear una ciudad moderna sin raíces. Poco a poco comienzo a entender dónde está la imagen romántica que tenía de China…

Algo que tampoco encontramos fueron a esos chinos de los que algunos viajeros nos hablaban, esos que no te hacían caso, ni te miraban, ni intentaban hablar contigo… desde el primer día encontramos siempre una sonrisa en ellos y siempre aparecía alguien de entre la multitud, porque eso sí, hay muchos, pero muchos, que hablaba por lo menos un poquito de inglés y nos ayudaba con lo que teníamos entre manos.

¡Lo que le gusta una foto! y más si es con un extranjero de ojos grandes y brazos peludos…

La lluvia… no nos abandona. Nos hace buscar refugio…

… y dormir dos noches en el mismo sitio, sin poder casi salir de la tienda. La primera vez en todo el viaje.

Los Hui, son una etnia musulmana, que vive sobre todo por el noreste de China, aunque nos los encontramos por nuestra ruta hacia el Este del Tíbet, no sabemos si es el gobierno es el que los dispersa o son ellos mismos los que se han trasladado. Física y culturalmente son muy parecidos a los Han (92% de la población de China). A primera vista los puedes diferenciar por el gorro blanco que llevan los hombres.

Otra etnia musulmana la constituyen los Uigur. Su cultura, lengua, escritura y físico es distinta a los Han y el área en el que viven, Xinjang, cuya capital es Urumqi, se considera “zona sensible”, como el Tíbet… todavía no sabíamos hasta qué punto nos afectaría a nosotros también.

La primera estupa del paisaje nos llenó de emoción… nos acercábamos al mundo tibetano que nos dejaban ver.  Tras la invasión del Tíbet por el Ejército Popular de Liberación de China, en 1950, esta zona no presentó resistencia, por lo que el control policial que existe ahora no es tan fuerte como en Lasha, donde sólo puedes ir en grupos organizados tras previo pago de una buena cantidad de dinero.

A partir de aquí comenzamos a entrar en pueblos que aún conservaban su barrio tibetano, grandes monasterios-escuelas, templos, monjes,…

Bonitos encuentros nos llevaron de una fiesta a otra… parecía que los tibetanos nos estaban esperando para vivir con ellos estos bonitos momentos.

Han sido días de “descanso”, como unas vacaciones. Desayunos largos, amplias sobremesas con siestas incluidas, paradas por lluvia, paradas por alguna que otra barriga “escacharrada”… Hemos disfrutado de nuestros amigos, de la naturaleza verde de esta época, de la paz que sale de los monasterios… qué fácil es viajar con quien hace simple la vida!

Es época de trabajo… ahora el trigo que vimos plantar en Irán y crecer en Uzbequistán, amarillea el paisaje. Comienza la recolección y algunos, para separar el grano, lo ponen en las carreteras para que coches, motos o bicicletas aporten su granito de arena.

Yurtas negras tibetanas, yaks, caballos y pastos.

Por la carretera nos encontramos con estos peregrinos budistas, se dirigían al monasterio del que nosotros veníamos haciendo postraciones. Como siempre es mejor una imagen que mil palabras, en este video podéis ver lo que es una postración: video postraciones. De esta forma algunos llegan a hacer más de mil kilómetros.

Casi sin darnos cuenta pasaron los días, pero no los kilómetros… Eso es lo que tiene viajar en familia… Nos lo tomamos con tanta calma que en Zoige, unos 500 kms antes de donde tendríamos que haber llegado, buscamos un hotelillo, donde dejar las bicis. Y de la paz del altiplano, nos fuimos para  Chengdu, la 5ª ciudad más grande de China…

La gran sorpresa llegó esa misma noche en el hotel, buscando cómo llegar a la oficina para extender nuestros visados… al principio creíamos que era broma o que podía estar equivocado, cuando Aitor comenzó a leernos lo que había encontrado en internet… desde el 1 de julio se ponía en marcha una nueva ley que regulaba los visados chinos… la parte que nos afectaba a nosotros era que no se podían hacer más de una extensión… todos nuestros planes se tambaleaban…

Qué hacer, qué no hacer… en un principio aceptamos y a la mañana siguiente nos fuimos a la oficina y entregamos nuestros papeles para la extensión. No nos pusieron ningún problema, salvo que tendríamos que esperar 7 días laborables, que con el fin de semana en medio se convertían en 9, y no podríamos salir de la ciudad hasta tener nuestros pasaportes, lo que significaba que el tiempo de pedaleo por el Tíbet se nos reduciría mucho…

Ninguno estábamos muy contentos con la nueva situación, y cuando Aitor nos contó su nueva idea, en un momento todo se puso en marcha… por la noche ya teníamos billete en tren-cama para Hong Kong  y una pequeña mochila preparada, y cuando a la mañana siguiente recogimos nuestros pasaportes en la oficina en la que los habíamos dejado, salimos corriendo para la estación… 42 horas de viaje y estaremos en la frontera. Mucha gente va allí porque es muy fácil sacar el visado de tres meses, imposible en otros países, y porque en un día lo tienes… La opción era buena, porque aunque hubieran dejado de dar el de 3 meses, con el de uno, podríamos extenderlo una vez, con lo que nos daría tiempo para llegar a Laos en bici…

Claro que a veces la vida te sorprende y no pasa ni lo uno, ni lo otro, sino lo de más allá. Y aquí nos pasó lo de más allá… resulta que Laura y Aitor, cuando pasaron de Kirguistán a Mongolia, por China, tuvieron que hacer su extensión en Urumqi… ya os dije un poco más arriba que era una zona sensible… y en la embajada de China consideraron esto como sospechoso, no sabemos de qué, pero el caso es que simplemente no les dieron los visados…

Y aunque parezca lo contrario, habíamos tenido suerte… imaginad que a ninguno nos conceden el visado… uppss! Además tras barajar varias posibilidades, surgió una que nos facilitó mucho sacar de China 4 bicis y 16 alforjas (unos 200 kg en total) entre dos personas.

Mientras nos preparábamos para dar el salto, conocimos a Joana y Nuno (www.globonautas.net, dos cicloturistas portugueses, con los que nos sentimos muy a gusto conversando y paseando con ellos, nos hubiera gustado compartir más tiempo… seguro que nos encontramos más adelante en cualquier parte del planeta.

Y ahora, aquí estamos, en Malasia, donde en breve comenzaremos de nuevo nuestro pedaleo junto con Aitor y Laura… el Sureste Asiático nos espera… o no.

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