En el calor de Albalá

Nos despedimos de Córdoba pasando un gran día con Pili y Kiko, quienes nos ofrecieron toda su cercanía bañado de conversaciones interesantes. Buena gente…Muchas Gracias.

 

El viernes llegamos a Albalá, un día antes de los que habíamos previsto, porque nos encontramos menos cuestas de las que creíamos (otro regalo que hemos disfrutado).

Salimos con fuerzas después de tres días de descanso en Córdoba, donde nos sentimos entre algodones hasta el último momento.

Parece que el calor va bajando un poco, pero todavía hay momentos en el día en los que tienes que parar en busca de una sombra y sentir el agua fresquita de una fuente. Qué placer tan grande ver el agua corriendo, aunque sea un pequeño caño por la época y la poca lluvia que ha caído este invierno.

Aqua es vita

Casi sin darnos cuenta hemos pasado de los olivos a las encinas y de Córdoba a Badajoz. Dejamos atrás Andalucía y nos adentramos por las carreteras extremeñas, cuyos vientos del sureste nos ayudan un poquito y los kilómetros corren bajo nuestras ruedas.

Seguimos viendo olivos de aceitunas gordas y alguna fábrica de aceite. Con las encinas empiezan a aparecer los animales, ovejas, cabras, vacas y algún que otro cerdo ibérico. Pueblos mineros de carbón que se fundaron con gran fuerza e ilusión pero que están viviendo en sus carnes la realidad de este mineral. Aunque quién sabe si no volveremos a depender de él… También hemos atravesado campos repletos de tomates que se usan en su mayoría para hacer tomate triturado.

es posible….

Wuate…..

La última noche nos regaló un campo tranquilo de encinas, del que salimos con la salida del sol para intentar llegar a Albalá esta tarde. Nos quedan bastantes kilometros que podemos hacer porque el camino no tiene desniveles importantes. Aunque llego cansada, con las piernas a punto de decir basta, parte de mi cuerpo se recupera en el momento en el que entra al pueblo, llega a la plaza, se baja de la bici y ve a Tebe y Yael… sabe que le quedan unos días de descanso.

Amanecer entre encinas

Como la casa de nuestros amigos es chiquita, nos instalan en la casa de sus padres, que viven en Aretxabaleta, el pueblo de Zigor y Tebe, así que de nuevo nos encontramos como en casa. Tebe nos hace ricas comidas y nos damos paseos para que Chiqui y Txuri corran por el campo. Visitamos Cáceres pues pensamos salir dirección Trujillo, para después adentrarnos en el Valle del Jerte.

Cacereando

El cuerpo ya está preparado para empezar de nuevo a rodar, pero la previsión del tiempo nos hace cambiar de planes. Como ahora estamos bajo techo y en muy buena compañía, hemos decidido esperar a que la lluvia pase (ya habrá momentos en los que no podamos evitarla). Así que nos convertimos por unos días en habitantes de Albalá y el día de la marmota hace su aparición con mucho gusto.

Dentro de unos días partiremos, cuando se abra la “ventana”, hacía Monfragüe y a continuación hacia tierras salmantinas. Intentaremos coincidir con Marieta y Paula para ciclar.

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