TAI(tor)LA(ura)NDIA… ¡hasta la próxima!

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Llegamos a Tailandia, conocido lugar donde muchos amigos han estado de vacaciones. De hecho María y Aitor ya lo habían visitado en viajes pasados. Para Laura y para mí será otro nuevo país a descubrir… ¡Qué bueno!

 

No tardamos nada en acercarnos a la costa del suroeste, teníamos ganas de descansar un poquito y disfrutar de las playas. Nuestra idea era irnos a alguna isla paradisíaca, pero nos dimos cuenta de que en época de lluvias muchas están cerradas. Como siempre, hay otras posibilidades… disfrutamos del paisaje, los atardeceres y la tranquilidad de los pueblos costeros.

Siguiendo con las mismas sensaciones que tuvimos en Malasia, nos encontramos con gente muy alegre, con ganas de saludarnos, echarnos una mano con lo que fuera  y regalarnos una sonrisa. Nos ha sorprendido que aun siendo un país muy turístico, todavía la mayoría de tailandeses no te vean como un dólar andante, bueno, rodante en nuestro caso, del que puedan sacar unos dineritos de más al venderte cualquier cosa. Es grande preguntar cuánto valen las cosas y escuchar que te están cobrando lo mismo, o casi lo mismo, que a la gente local.

Al entrar en Tailandia seguimos sintiendo que las provincias del sur que hacen frontera con Malasia son musulmanas. Situación que está creando más de una tensión entre el gobierno budista y la sociedad musulmana… una más.

Empezamos a ver animales raros  o diferentes, en muchos casos.

Tailandia sigue tintado de verde. Naturaleza muy viva que saca a relucir todo su color en la época del monzón y que nos da la oportunidad de ciclar por sitios increíbles.

Árboles que están madurando el fruto que comeremos dentro de poco. Cocos, papayas, plátanos, cajus (fruta de donde sale el anacardo) y pomelos gigantes llamados toronjas, que nos conectan más a este clima tropical, tan desconocido para nosotros.

Siguiendo con el tema culinario, estábamos deseosos de empezar a disfrutar de la gastronomía tailandesa, tan famosa por su variedad de sabores y colores. Como al mediodía siempre hemos parado a comer en uno de los innumerables puestos de comida que puedes encontrar, sobre todo en los mercados locales, la oportunidad de sentir la boca, lengua, labios ardiendo de picor, ha sido muy extensa. Yo, después de alguna intentona que otra, decidí que mejor era encontrar algo que no picase. Aquí, al preguntar si pica o no, cuando te dicen “un poco”, estate seguro que va a salir fuego de tu boca. Para que a María, Aitor y Laura se le hayan puesto algunas caras de no poder más y hayan empezado a sudar como si se acabara el mundo, os puedo asegurar que eso que se estaban comiendo picaba mucho muchooooo.

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También hemos podido disfrutar de la comida vegetariana que se ofrecía durante el festival vegetariano que dura diez días y donde muchos tailandeses  no comen carne, no practican el sexo, no beben alcohol y visten de blanco. Esta festividad, famosa entre los budistas de origen chino, se da en el sur del país y se celebra en honor a buda.

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No nos podemos olvidar del pescado que nos comimos con Susana y Ager, todavía lo estamos saboreando. La experiencia y el saber del que ha sido marinero no tiene precio.

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Aaaah! y una vez más… sushi casero…ummmmm!!!

Es imposible escuchar Tailandia y no sentir los mercados locales. Ya desde el primer día pudimos disfrutar de la gente que se gana la vida vendiendo directamente lo que produce . Los mercados se convierten en el centro de la actividad económica y social de los pueblos, aunque es imposible saber a qué hora los abren o los cierran. Unos abrían a la noche, otros a la once de la mañana ya estaban cerrados… pero bueno, como casi todos los pueblos tienen el suyo, lo hemos gozado.

En el sur y centro de Tailandia la gente vive de la tierra y del mar. La tierra, al ser muy húmeda y en muchos sitios pantanosa, no da mucho juego para plantar verduras y se han buscado la vida plantando la Hevea, árbol que llora el jugo que se transforma luego en látex. Como en Malasia,  hay muchas plantaciones de palma para la producción de aceite. Miles de hectáreas para producir arroz. Zonas donde se planta exclusivamente la piña, el coco y, ya cerca de Bangkok, planicies llenas de salares. En los alrededores de la capital hay mucha industria y muchísima gente trabajando en la gestión de los residuos que produce la gran urbe. Tampoco nos podemos olvidar que el turismo es uno de los pulmones de la economía Tailandesa.

Pero la base de la economía en los sitios que hemos andado es la pesca. Cientos de pueblos exclusivamente dedicados a ella con grandes barcos, pequeñas barcas, usando una caña o una red. Aquí la mayoría del pescado lo colocan al sol para que se seque. Nos dicen que es más sabroso y por el clima caluroso y húmedo es la mejor manera de conservarlo.

Tailandia es un paraíso para dormir sin gastar un céntimo. El país está lleno de Wats, templos budistas donde viven en su mayoría monjes y en algunos también monjas, donde las puertas siempre están abiertas para dejarte un techo, colocar la tienda y darte la ducha, tan apreciada después de estar todo el día sudando por las altas temperaturas, la humedad y el pedaleo. Monjes que guardan la distancia, pero que hacen que la estancia sea muy cómoda y que puedas disfrutar también de tus momentos. Hemos podido vivir amaneceres increíbles cerca del mar y hemos dormido en una clase de infantil, soñando que, igual algún día, invitaremos a algún ciclista a que duerma en nuestra clase.

En Tailandia la religión oficial es el Budismo Theravada al que pertenece el 95% de la población. Su lema es “Sanuk, Sabai y Saduak” que traducido significa “sé feliz, permanece sereno, conténtate con aquello que la vida te ofrece”, no está mal ¿eeh? En todos los pueblos te encuentras con templos e imágenes relacionadas con el budismo o con sus conexiones con la cultura china e hindú. Es fácil ver a la mañana a los monjes que van de casa en casa pidiendo comida.

Sobre los deportes nacionales no oficiales, los tailandeses son especialistas en llevar a los niños en la parte delantera o trasera de la moto, viajar con tropecientos mil en la parte de atrás de las rancheras, en colocar bultos de una manera increíble en la parte trasera de las furgonetas, en vender todo tipo de cosas que van colgadas en los laterales de las motos, en viajar en taxi como en “familia” (a ver cómo les explicas a estos niños el tema de la seguridad vial) y en colocar la imagen del rey por todas partes. Pero, si en algo son muy muy buenos, es en echarse la siesta. No sé si nos encontraremos con otro país con tanta gente durmiendo a cualquier hora del día. Ya lo siento por los andaluces, pero creo que son los tailandeses los que inventaron lo de la siesta.

Al estar en temporada baja, hemos disfrutado de la costa con mucha tranquilidad. Bañitos en playas increíbles, charloteo con fondos de ensueño, lectura pausada, playas solitarias y tiempo libre para nuestras cosas. María y Aitor han empezado a fabricar bicicletas de alambre… igual algún día nos encontrais por alguna esquina vendiéndolas.

Después de estar tres meses los cuatro juntos, hemos tomado diferentes caminos hacia Camboya pues los planes y los ritmos a partir de este momento no son los mismos.

Han sido tres meses intensos donde hemos vivido de todo y hemos aprendido un montón. Después de tanto tiempo viajando en pareja, surgen nuevas situaciones al viajar en grupo. Compartir, decidir, ceder, imponer, reír, llorar, vivir, sentir, se convierten en situaciones grupales donde un espejo muy grande te está diciendo quién eres y lo importante que es saber funcionar en grupo.

Eskerrikasko, Muchísimas Gracias a Aitor y a Laura por compartir estos momentos y hacer que hayamos crecido un poquito más.

Os escribimos en estos momentos desde Camboya. Seguiremos en contacto con tacto.

Comentarios en: "TAI(tor)LA(ura)NDIA… ¡hasta la próxima!" (2)

  1. Nagore dijo:

    Kaixo bikote!! gaur patxadaz eta oso gustora ibili naiz zuen bidaien berri izaten… Maritxu! qué bueno leeros y resonar con vuestras vivencias… qué recuerdos… me ha emocionado mucho toda vuestra aventura de “rescate de las bicis” de Laura y Aitor en china…. no soltáis prenda, eh…? me pega que va a ser una bonita historia más que escuchar al calor de un buen “alpenkraft” o al de una freskita cervecita, dependiendo dela época en la que nos reencontremos.. un besazo pareja!! Os tengo muy presentes, da gusto leeros y sentiros tan cerquita.

    • Eieiie Nagore..Ze ona gure eguneroko gauzatxuekin gustora izetia hor pantaila aurrien…Eieie Alprenkaft bat mesedez…ummmm…dastatu ein geinke urrunetik….Eskerrikasko…hor izatiagaitxik…Paaaa

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