Tayikistán y Kirguistán: Un paseo por las alturas

Salimos de Dushanbe acompañados de Eric y Tiff, después de un señor desayuno con sobremesa incluida… ¡nos vamos para las montañas!

 

Donde nos esperan unos cuantos kilómetros y algún puerto que otro…

… pero el comienzo promete, a pocos kilómetros un coche se para y nos regala todos estos ricos panes…

Nos dijeron que las tormentas eran frecuentes… la primera noche, mientras cenábamos, observamos el espectáculo de una a lo lejos, que nos cayó encima mientras dormíamos. Fue la primera, pero no la última.

También nos dijeron que el viento iba a estar a nuestro favor… pero no siempre  ha sido así.

Ahora es el tiempo en el que llevan a los animales a comer de los pastos de los verdes prados de las montañas… atravesamos muchos de ellos haciéndonos paso a grito de pastor.

Aunque todavía no estamos propiamente en los Pamires, ya la carretera nos enseña la belleza de la Naturaleza de esta parte del planeta. El cielo cambia el paisaje cada minuto y nos tiene todo el día preparados para buscar refugio en cualquier momento…

Aun así algún chaparrón nos cae encima calándonos hasta los zapatos  y decidimos quedarnos en el valle, antes de entrar en lo que parece la boca del lobo.

Siguen las tormentas que embarran los caminos, dificultando algunos tramos.

Y hacen crecer los ríos que pasan por la carretera y dónde, en alguno de ellos, nos mojamos los pies.

Hasta que es tanta la lluvia y el cielo está tan negro, que pensamos que no es algo pasajero y decidimos pararnos en una casa… esta vez es hospitalidad a cambio de dinero, pero aun así lo agradecemos, porque podemos secarnos nosotros y secar la tienda y ropa que estaban empapadas.

En esta parte sentimos que las invitaciones a chay y comida están muy lejos de las que hemos recibido en los últimos meses. No es cuestión de ahorrarse unos euros, sino simplemente que uno se siente más acogido cuando no hay dinero por medio, cuando simplemente te invitan por humanidad, o porque tienen interés en conocer a alguien de fuera… Pero en realidad no me siento capaz de juzgar, porque son ellos los que viven en esos pueblos, bastante alejados unos de otros, donde los inviernos son duros y sólo tienen los veranos de respiro… y claro, si entra un dinerillo extra de algún guiri, pues no les va mal.

Aprendemos que aquí, tan pronto llueve…

… como sale el sol, pero la temperatura es buena, así que sabemos que aunque nos mojemos en un rato nos vamos a secar.

Como siempre, en el momento que necesitamos, alguien aparece… aquí el río se había comido la carretera y teníamos que pasar por este pedregal  para volver a incorporarnos al camino… habría sido bastante duro si no nos encontramos con estos jóvenes que iban a visitar a sus abuelos a otro pueblo.

Y por las mañanas recordamos a Eric y Tiff, que nos regalaron, entro otras muchas cosas, dos paquetes de café, pero de café de verdad, porque por aquí llaman café al soluble y eso es lo que hay. Pero gracias a nuestros amigos empezamos los días con fuerza…  y para el primer gran puerto, 3252 m, un café doble.

El día da para mucho… barro…

… una granizada que nos masajea el cuerpo.

Conocemos a “los Simpson”, una familia francesa que tras vender su parte del restaurante, él, dejar el trabajo en el aeropuerto de París, ella, y dejar la escuela, ellos, se compraron un camión y lo prepararon como vivienda y garaje de 4 motos y se lanzaron a la carretera para recorrer durante un año Asia, África y Suramérica. Podéis saber más de Yannick, Muriel , Victor y Robin en su blog: http://www.lessimpsonsenvadrouille.fr/

Llegamos arriba, esperando en cada curva que apareciera el asfalto que tres alemanes en bici nos habían dicho que había en la última parte del puerto… nada de nada… tierra, piedras y barro, que junto con la altura me hacen sentir esa sensación de falta de aire, que más adelante será más fuerte.

¡Qué bajada!… contenta de no tener que subir por esa parte y acordándonos de Laura y Aitor que subieron por ahí, empujando las bicis por la nieve. Aquí el esfuerzo lo hacían de las manos apretando los frenos. Quedamos con la familia francesa para dormir juntos, pero en los pocos sitios que había al principio, no estaban parados, así que seguimos y seguimos, y la carretera se metió por un cañón cerrado… espectacular, pero sin sitio ni siquiera para una tienda, así que se nos hizo de noche y terminamos acampando en el check point, guardados por unos simpáticos militares.

En pocos kilómetros estamos frente a Afganistán… tan solo un río de frontera… y una vida aún más simple que la que llevan por este lado. Los pueblos están dispersos por la orilla del río, son vergeles unidos por un camino de tierra, que en más de un tramo parece muy peligroso, si te caes por ahí… en el río te quedas…

Es una sensación rara observar la vida de estos pueblos desde la otra orilla. Mujeres lavando la ropa en el río, niños bañándose, hombres arando, arreglando sus casas, ropa tendida, mujeres hablando… hay partes en las que el río se estrecha tanto que están muy muy cerca, pero lo curioso es que no puedes ir, ni ellos venir… es como una película de unos 200 kms, los que estamos pedaleando antes de que nuestra carretera se meta hacia la cordillera del Pamir.

   

Hace mucho calor, pero también hay mucha agua por el camino, con la que nos refrescamos y podemos continuar hasta el próximo riachuelo.

Tayikistán es el país más pobre de Asia Central, y el que más ayudas recibe de la Unión Europea. Por el camino vemos numerosos carteles, fuentes hechas por suizos, escuelas, programas de alimentación, grandes coches 4×4 diferentes organizaciones paseando para arriba y para abajo.

En Rushan el paisaje se abre en un amplio valle verde. Sentimos a la gente contenta, te saludan con una sonrisa sincera y escuchamos menos ofertas de chay-chay-sleep! Se ve que la gente disfruta de estos momentos en los que pueden salir de sus casas y sentir el calor del sol, aunque también tenga que estar trabajando en los campos.

Y allí mismo encontramos a Fakhridin, que nos invitó a su casa, por el simple hecho de estar con nosotros. Y nosotros aceptamos, aunque ya habíamos visto un sitio increíble para acampar junto al río, por el simple hecho de estar con él y su familia.

Aunque ya estamos en el territorio de la cordillera del Pamir, nos quedan unos pocos kms para llegar a Khorog, pueblo que muchos consideran oficialmente el comienzo de la Pamir Highway, porque desde él se comienza el ascenso más serio al plató.

En khorog descansamos unos días. Repasamos las bicis y encontramos que alguna alforja ha sufrido los baches del camino, pero podemos hacer un arreglillo, por lo menos para que no se rompa. Nos volvemos a encontrar a Guillaume y Sebastian que ahora pedalean junto a Francesco, otro cicloviajero italiano. Y conocemos a más viajeros, una pareja francesa que viaja en tándem, tres polacas en bicicleta (alguno nos preguntará más adelante si son un mito o realidad), algún que otro backpakers y Adams, un inglés que lleva 6 años viajando por el mundo con su moto y que ahora estará por Siberia… buena gente, podéis saber de su viaje en http://shortwayround.co.uk/.

Este hombre nos rescata de una fuerte tormenta, en la que yo dudo si continuar, porque el viento era a nuestro favor y, subiendo como estábamos, a veces no había que pedalear por las rachas tan fuertes.

Seguimos experimentando la hospitalidad de los pamires, gente amable y orgullosa de su región, que no se sienten de Tayikistán, “somos pamires y hablamos en pamir”.

Nos volvimos a encontrar con Guillaume, Sebastian y Francesco y pedaleamos unos días con ellos. Simpático grupo, con el que nos volveremos a encontrar para entrar en Kirguistán.

Más hospitalidad, esta vez ni siquiera para conocernos, sino para ayudarnos. Allí estuvimos los cinco en la habitación más grande de la casa, sólo tuvimos que salir dos horas, para que rezaran… tiempo que utilizarnos para remojarnos en las aguas termales de Jelondy.

En las alturas desaparece el calor y la lluvia se convierte en nieve.

 

Entramos en el plató con el cielo cubierto. Después de un puerto de 4271 m, donde la necesidad de pararte para coger aliento es más frecuente, tuvimos que hacer otra subida en el mismo día, para no quedarnos a dormir demasiado altos…

… y llegamos de noche a esta casa, que creíamos abandonada, en el medio de la nada, y donde fuimos recibidos por una familia cayada pero amable, que nos metió en su pequeña cocina con el fuego encendido, donde entramos en calor después de un rato y donde nos tomamos un tazón de leche con pan. Y a la hora de acostarnos, cuando nos enseñaron la habitación donde íbamos a dormir, conocimos a Eloise, una francesa que está viajando sola, caminando y haciendo dedo por la Pamir. No será la primera vez que la veamos.

Aquí nos volvimos a separar, ellos se fueron hacia Yashil kul, un lago con aguas termales, y nosotros decidimos seguir y descansar en Alichur, a solo 20 kms de donde estamos, entre otras cosas porque Zigor pasó la noche con dolor de cabeza y algo intranquilo… eso es lo que tiene la altura.

     

Después de llenar el estómago y de una siestecita, nos dimos un paseo por Alichur, un pueblo muy tranquilo, donde cada mirada es una foto.

Después del día de descanso subimos con fuerza el siguiente puerto, 4314 m, una subida progresiva de 50kms, con buen asfalto, cosa que se agradece. El final del puerto no está marcado, como los otros, pero éste sabes que ha terminado cuando dejas de ver otra subidita después de la bajada que te había hecho creer que habías llegado al final.

Esta vez nos dio igual dormir altos. Habríamos bajado unos 300m, cuando la carretera nos llevó a un valle amplio y verde, con un riachuelo, perfecto para nuestra cena, y una yurta, allí pegada a la ladera de la montaña protegida del viento. Los dos tuvimos claro que queríamos pasar la noche allí, además, el tiempo, que había estado todo el día cambiando, como de costumbre, se calmó, dejó de soplar el viento y se despejó el cielo… se quedó la noche perfecta… aunque después de cenar me diera una tiritera que me hizo meterme en el saco con todo lo que llevaba puesto y no entré en calor hasta que me tomé una infusión que Zigor me trajo… eso es lo que tiene la altura.

Y del cielo no puedo hablaros porque es imposible describir lo que vi en una de las salidas al servicio… cuando miras arriba, por unos segundos desaparece el frío de la noche y se para el tiempo.

La mañana nos regaló un sol, que calentó mi cuerpo durante un rato, hasta que volvieron a aparecer las nubes que despejaron de nuestra cabeza la posibilidad de quedarnos una noche más allí.

El paisaje hasta Murgap, es más árido e inhóspito, pero también lleno de belleza. De vez en cuando hay una yurta que te indica que cerca hay agua. Hay un viento frío, que en casi todos los tramos sopla en contra, lo bueno es que hay menos nubes, así que buscamos algún sitio resguardados del viento (que el cuerpo empieza a rechazarlo) y nos tumbamos a descansar un poco bajo el sol.

La bajada al valle de Murgap es muy bonita, vuelve a aparecer el agua abundante y el verde en el paisaje… el río serpentea entre la hierba, que te invita a plantar la tienda. Pero cuando llegas abajo el viento te hace cambiar de idea. Suerte que nos encontramos a esta familia que estaba pescando y que tenía un homestay y con la que, tras regatear un poco, decidimos irnos… literalmente nos pusimos “jinchos” (lo que quiere decir que comimos mucho) de patatas y pescado fresco… no es broma, se me puso la barriga como una sandía y tuve que leer un rato sentada antes de tumbarme para dormir… todavía escucho a la muchacha trayéndonos patatas y más patatas y el bandejón de pescado frito: “We are hungry, we eat more”…

Desde Murgap, el último puerto, Akbaytal, de 4655 m, está a unos 75 kms, durante los cuales se sube muy poquito a poco, hasta que te quedan unos 4 kms… pero eso lo cuento después.

Porque ahora os presento a Somaye y Soha, una pareja de ciclistas iranís que nos encontramos a mitad de camino, donde decidimos montar la tienda. Salieron hace 14 meses y, no sabemos exactamente por qué, la cuentan que tenían en Azerbaiyán, de la que podían sacar dinero en el extranjero, se la bloquearon, pero decidieron continuar y confiar en la vida… cuando nos encontramos tenían 5$ en el bolsillo y acababan de donar 800$, todo lo que sacaron de una exposición de fotografrías del viaje, a un orfanato…cuando necesitan algo simplemente les llega. Nos quedamos con las ganas de estar más tiempo con ellos, pero iban en la otra dirección (http://dreammakers.co/).

Y ahora sigo con lo de los últimos 4 kms… que los ves de repente allá a lo lejos… una de esas cuestas con las que piensas, seguro que cuando me acerque no es  tan empinada… y bueno, un poco pasa, pero cuando el cuerpo comienza con un esfuerzo un poco más grande y a medida que vas subiendo, llega un momento en que los pulmones no dan abasto y te tienes que parar, en una respiración desesperada, como si se hubiesen quedado sin vida y de repente se dan cuenta que pueden cogerla de nuevo. En seguida te sientes recuperado, miras la cuesta que tienes por delante y piensas, esto lo subo yo del tirón, pero no… eso es lo que tiene  la altura.

Y lo peor fue cuando en mitad de la cuesta nos encontramos con Bostjan (http://travelmetka.smugmug.com/), un esloveno que bajaba y nos paramos a hablar con él demasiado rato. Cuando quise ponerme en marcha otra vez, mis piernas parecían haberse transformado en madera, ya no hay músculos que las muevan… así que no podía hacer otra cosa que empujar, pero Zigor bajó de su bici y durante unos metros me empujó mientras pedaleaba, hasta que la madera se volvió a transformar en músculo, y tramo a tramo pude llegar arriba.

Arriba… donde todo sufrimiento desaparece… ha sido duro, pero no tanto como para no ser capaz de pasar esta montaña, como casi todas las de la vida.

Para esta cena menú especial, arroz (el más rico de todo el viaje) con chapatis… el día se lo merece.

Dormimos como niños chicos y sólo por la mañana nos dimos cuenta de la helada que cayó por la noche.

La carretera, que tenía que ir básicamente para abajo, nos regaló unas subiditas, como dice Zigor, para que no se nos olvide dónde estamos… os recuerdo, según dicen, en la segunda carretera internacional más alta del mundo, a la que llamaban en otros tiempos junto con el Tibet, el “Techo del Mundo”.

Y por fin vimos el lago, que se alejaba y se alejaba a medida que pedaleabas por esta recta. Al final de ella Karakul, donde descasamos dos días.

Y donde volvimos a encontrarnos con Eloise, otros viajeros y…

… de nuevo con Guillaume, Sebastian y Francesco, con los que pedaleamos hasta Osh.

Sólo dos puertos más, 4232 y 4280 m, para bajar del plató. Aunque siempre es bonito avanzar, ahora no tenemos tantas ganas de abandonar las alturas. La tranquilidad de estos días, sin apenas coches, la naturaleza, el esfuerzo y el silencio, nos han hecho disfrutar mucho.

Campamento en las alturas.

Esta es la frontera entre Tayikistán y Kirguistán, aunque el puesto fronterizo de Tayikistán está antes, a menos de un kilómetro, cosa que no es muy extraña, y el de Kirguistán a 20kms! Para nosotros no es tanto problema, pero para el que va en la otra dirección, como esta pareja de Nueva Zelanda, tiene que tener en cuenta que no se puede quedar en medio, y tienes que llegar antes de que cierren la frontera.

Cuando nos encontramos con motociclistas, ellos nos hablan con admiración y cuando nos encontramos con un caminante, es a nosotros a quien se nos queda la boca abierta. Éste es alemán y lleva unos 14 meses andando con su perro, por el que no le dejaron entrar en China. No lleva tienda y a juzgar por el tamaño de la mochila, lleva lo básico.

   

Con forme comenzamos a bajar, aparece de nuevo el verde y los Yaks disfrutando de la hierba fresca y muchos caballos libres, una de las cosas por las que Kirguistán es famoso.

Yurtas por todos lados.

     

Y niños sonrientes.

El último puerto antes de llegar a Osh, ahora sí todo para abajo…

… nos lleva a un festival de los 60, yurtas por todos lados, caballos… sólo faltan los hippies.

Nuestra última noche de acampada de esta etapa, nos sorprende con la tormenta más grande que jamás hemos tenido. Viento, lluvia, granizo, rayos y truenos. Desde dentro de la tienda empujábamos en contra del viento por miedo a que se rompiera, el rayo y el trueno estuvieron muy cerca entre sí y, como fue tan brusca la lluvia, el suelo no pudo absorber tanta agua, por lo que podíamos sentir una capa bajo el suelo de la tienda. Menos mal que dentro de nuestra tienda todo seguía seco. Por la mañana cada uno contó su aventura, alguna pica perdida, la lluvia entrando en la tienda por el viento, algún suelo mojado y algún saco empapado.

En Osh nos separamos de Guillame, lo seguiremos en http://experiencecyclonomade.wordpress.com/,  hasta que nos volvamos a encontrar para cruzar otra frontera.

También de Francesco (http://ivegotabike.wordpress.com/), que volverá a coger su ritmo.

Y Sebastian (http://www.sebistan.com/) se montó en la furgoneta que nos llevó a los 3, a las 3 bicis y a 3 japoneses a Bishkek.

Y en Bishkek, nos acoplamos en una Guest House recién abierta, Kyrkyz host, en la que hemos estado como en casa. Visa China, visa de Kazajistán, cenas y reencuentros.

Compartimos muy buenos ratos con Jana y Alex (http://worldsdiversity.wordpress.com/), la pareja de ciclistas alemanes que conocimos en Teherán.

Y nos volvemos a encontrar con Chris (http://cycling4cancer.wordpress.com/), con el que pedaleamos Turkmenistán, si queréis podéis ver un video que hizo de esos días: http://www.vimeo.com/68762041. Tuvo que volver a Bishkek, porque cuando llegó a la frontera con China, era el cumpleaños del presidente de Kazajistán y decidió dar tres días de descanso. Y en esos días la visa de Chris se caducaba, por lo que si se quedaba a que abrieran iba a tener que pagar un dinerillo…

Después de dos semanas de descanso y buenas comidas, el martes salimos de aquí hacia Almaty, todavía no sabemos cómo llegaremos a Xining, pero sabemos que llegaremos y allí nos encontraremos con Laura y Aitor y comenzaremos otra etapa juntos… ¡qué emocionante!

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