Yavaş Yavaş

Cuando llegué a Estambul, me encontré a Zigor malillo… pero nada que no solucionase una cama,  una buena manta y unos días en posición horizontal… Parece que la edad no perdona, jeje… jugó un partido de futbol “dándolo todo” y de las agujetas en todo el cuerpo (no se libró ni un músculo), pasó a la fiebre y de ésta a una especie de resfriado.

 

Ya casi recuperado, celebramos su cumple “por todo lo alto”, en un restaurante de pescado del barrio. Son pescaderías que en la planta de arriba tienen el restaurante, así que el pescaíto puedes elegirlo bien fresco.

Al fin salimos de Estambul, aunque no estaba muy claro el tiempo que nos íbamos a encontrar. Pero teníamos que lanzarnos y salir de la comodidad de la casa de Osman, que hemos tenido ocupada casi un mes. Si hacemos caso a internet, todavía estaríamos allí… no sé lo que pensaría nuestro amigo…

Y, probablemente porque no le hicimos caso, el tiempo nos respetó y, aunque el día no estaba soleado, no nos mojamos. Un buen comienzo de etapa. Sólo nos teníamos que preocupar de adaptarnos de nuevo a la bici, que aunque se coge con muchas ganas, tras el paso de los kilómetros las piernas comienzan a quejarse.

La primera noche nos anunciaba y preparaba para lo que nos íbamos a encontrar el resto de los días. HOSPITALIDAD, así, con letras mayúsculas…

Personas increíbles que sin pensárselo dos veces nos han dado cama, comida y el calor de un hogar en las noches frías.

No había más que a la hora que quisiéramos parar, buscar un pueblo pequeño, pedir agua y hacerles saber que queríamos dormir allí, que teníamos tienda y sólo necesitábamos un sitio tranquilo. Todo esto, por supuesto con un chay, o dos, o tres… aquí en Turquía es el deporte nacional, beber e invitar a té a cualquier hora del día. Mientras tanto todo se ponía en marcha… y nosotros, desde el momento en el que nos hacían un gesto haciéndonos entender que no nos preocupáramos… nos relajábamos  y nos dejábamos llevar… así hemos dormido en la habitación en una mezquita, en casas más pobre, en casas más ricas, en un almacén de endibias, en el Ayuntamiento… y así hemos conocido a todas estas personas que, desde el primer segundo y sin conocernos de nada, nos han abierto sus casas y nos han invitado a comer platos riquísimos (yo estoy feliz en Turquía, porque aquí hay miles de sopas -çorba-, a cada cuál más rica, y en casi todas las casas he disfrutado de ellas… ¡con lo que me gusta a mí una sopa!).

Con Fugimoto nos cruzamos en una especie de autovía. Este simpático ciclista japonés no tardó nada en dejar su bici en el arcén y cruzar hasta donde estábamos saltando la mediana… Y aunque no hablaba nada de inglés, simplemente con sus gestos y su sonrisa nos dejó contentos y con un bonito recuerdo de este encuentro.

La comodidad de las noches, unido a que el camino ha sido bastante llano… nos ha dejado disfrutar e ir poniéndonos “yavaş yavaş”, es decir “poliki-poliki”, o sea “poco a poco”, en forma. De vez en cuando aparecían en esa carretera de recta interminable, con un paisaje de Castilla la Mancha a los lados, un tobogán de esos que les gusta tanto en estas tierras, pero “yavaş yavaş”, arriba que estábamos ya preparados para bajar…

Algunas casa en las que estuvimos hacían este tipo de pan, llamado “yufka”, lo preparan finísimo, lo secan y lo apilan de esta manera y les dura incluso un año. Cuando se va comer lo rocían con agua y lo dejan reposar… y mezclado con queso, mantequilla, mojándolo en la sopa, usándolo a modo de cuchara o lo que más te guste, está bien rico.

Este día el cielo se puso serio y nos amenazó con echarnos la grande, pero sólo nos cayó un poquito y justo a la entrada de un pueblo donde pronto encontramos un techo para resguardarnos.

Después de varios días viendo llanura y más llanura, donde en cada momento te da la sensación de que va a aparecer cabalgando Don Quijote, unos pequeños relieves te hacen abrir los ojos más para apreciar esos bonitos cambios que te indican que vas avanzando.

Antes de comenzar lo que fue un día duro, hicimos una parada en esta tienda de música. Aunque todavía vendía casetes, nosotros le compramos la música turca en mp3. Junto al altavoz tenía un pajarillo que cuando podía la música se ponía a cantar… hasta que nos dimos cuenta pensábamos que todas las canciones que nos ponía tenían la misma base de algo que parecía un pajarillo…

El día fue duro porque nos encontramos con un viento en contra muy fuerte, que nos dejó hacer 15 km. Cuando decidimos parar, el viento era tan fuerte que te constaba respirar y traía polvo y piedrecillas, por lo que no podías abrir los ojos… Menos mal que desde una casa un chavalillo nos hacía gestos para que fuéramos…

Y al día siguiente… el viento… se puso de nuestro lado! Volábamos.

Y durante el vuelo nos dio tiempo a hacer una visita a uno de los cráteres que creo el meteorito de la semana pasada.

Como este perro, que descansa tranquilamente en las puertas del Karabansaray de Sultanhani, puedes ver por las carreteras de Turquía. Suelen ir en grupos, hemos llegado a ver hasta 20 juntos!… y cuando están en la carretera y nos ven… no sé lo que verán… pero comienzan a ladrarnos y a correr hacia nosotros… uupppssss!!!

Pero el que se lleva todos los ¡Ay va la leche! cuando lo ves, es este perro… es un tipo de mastín que procede del distrito de Kangal, de donde recibe su nombre, “kangal”, de la provincia de Sivas de Turquía. No es un perro pastor común, vive con el rebaño y lo defienda activamente, vamos que se enfrenta a los lobos, los osos y chacales… algunos son conocidos como son conocidos como “kurtçul kangal”, lo que quiere decir algo así como asesino de lobos… tiene un cuello más grande que la cabeza, y lo protegen de los lobos con un collar de pinchos… Menos mal que éste estaba atado!!

También dicen que es un perro muy leal, y que si el dueño sabe educarlo bien, es muy cariñoso con los niños y otros animales…

Este es el almacén de endibias donde pasamos una noche. Nos estuvieron explicando cómo era la producción y no entendimos muy bien qué hacían con la raíz en una especie de laboratorio… pero ahora hemos descubierto, que la endibia en la achicoria, y que su raíz secada y molida es la que se utiliza como el café y tiene muchas propiedades.

Aquí, practicando el deporte nacional, acompañado con unas tortas dulces de tahín, que te chupabas los dedos! … en cualquier sitio improvisan un saloncito para que te sientas a gusto.

En la última parte los “toboganes” cogían más inclinación, pero como ya sabéis, “yavaş yavaş”  llegaba arriba, donde Zigor me esperaba, para no separarnos demasiado.

Y llegamos a Cappadocia. Sorprendidos y agradecidos porque el tiempo durante los 14 días que hemos pedaleado desde Estambul ha sido muy bueno. Quitando el día de viento en contra, el resto de los días era a favor, y sólo el último día nos estuvo granizando, pero muy suave, lo que es mucho mejor que la lluvia…

En Goreme, decidimos quedarnos en un hotel, para descansar un poco y tener nuestro espacio, antes de encontrarnos con Caner, nuestro contacto de WarmShowers, que nos esperaba a unos 15km. Fue entrar en la habitación… y se puso a llover!

Al día siguiente aprovechamos para dar un paseíllo por la zona.

Nos metimos por el Red Valley con las bicis.

Y disfrutamos de cerca de las formaciones espectaculares de esta zona.

Desayuno con vistas.

Este perrito nos acompañó durante 14 km, corriendo a nuestro lado… estábamos impresionados y nos abandonó en el primer supermercado que olió.

En Ürgüp nos juntamos con Caner. Con el que desde el primer momento nos sentimos como en un oasis… ha estado viajando con la bici por Europa y tiene una mentalidad abierta… en su casa estamos en otra Turquía… las normas básicas que seguíamos en las casas donde hemos estado durmiendo, las dejamos a un lado.

Del pueblo donde Caner estudia Cocina, Mustafapasa, donde estuvimos unos días con él y Alkim, su novia, nos fuimos a Avanos, donde vive Alkim.

Aquí conocimos a Randy, un holandés que por cuestiones de amor cambió todos los planes de su viaje en bici. Y con él y nuestros amigos fuimos a comer el mejor “künefe” de Turquía y parte del extranjero… es un dulce muy apreciado que es mejor comerlo que explicarlo.

De Avanos hicimos un viaje exprés para conseguir la visa de Iran. Después de unas 13 horas en autobús, llegamos por la mañana a Trabzon, en la costa del mar Negro, y ese mismo día conseguimos el visado en nuestros pasaportes!!

Allí nos quedamos una noche con Eren, amigo de Caner. Y allí conocimos a Rafael, un portugués cicloviajero que también había ido a por la visa de Iran y estaba organizando un viaje a Iran para “mochileros organizados”, su idea no es ganar dinero, sino que la gente vea que es más fácil de lo que parece y darles un empujoncito… Buena gente.

Y mientras nosotros hacemos las tareas, que os hemos tenido un poco abandonados, nuestros amigos, Caner y Alkim, salen a tomar el aire… que el día está soleado.

En unos días volvemos a montarnos en las bicis. Nos vamos hacia el Sudeste de Turquía y entraremos en Iran por el Kurdistan… tenemos muchas ganas de esta nueva etapa…

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