Grecia-Gracia-s

Después de cruzar el Adriático llegamos a Igoumenitsa, en el norte de Grecia.

Es curioso entrar a un nuevo país por mar, con el barco no sientes los pequeños cambios que te van avisando de la cercanía de la frontera. En un momento.. ¡ale, ahí tienes!… nueva gente y nuevo idioma… letras que no entiendes y para cuya pronunciación necesitas entrenar tu boca y tu lengua… más de un día nos costó recordar cómo decir gracias, que escrito “ευχαριστίες”, se dice “efjaristó”…

 

En Bari decidimos cruzar Grecia por el Norte, estaríamos lejos de las islas paradisíacas y de un clima un poco más amable, pero conoceríamos sitios menos turísticos, donde el contacto con la gente suele ser más fácil y sincero.

Ipiros y Macedonia son dos provincias muy montañosas. Aunque sus cumbres no son tan altas, unos 2000metros, tienes la sensación de estar metido en una cordillera muy elevada. Pudimos disfrutar de los montes nevados y cruzar bosques y bosques llenos de robles.

Desde el primer momento, y según íbamos teniendo más contacto con la gente, pudimos sentir que Grecia está “jodido” en el aspecto económico, pero que en el humano es muy rico. Siempre dispuestos a echar una mano al que lo necesita.

Danai, Mihalis, Eleni, Nikos y Filio nos lo demostraron el primer día. Les pedimos sitio para poner la tienda… nos invitaron a cenar en su restaurante y nos dieron cama en su casa… todo a cambio de nada.

La palabra crisis está en boca de toda la gente que nos hemos cruzado y saben perfectamente que por el suroeste de Europa las cosas pintan en bastos. Pero en estas zonas rurales tienen la ventaja de poder echar mano de lo que aporta la naturaleza y tirar para delante. Cuando cruzamos la península, más de una vez comentamos que quizás el futuro está en volver a los pueblecitos, ahora vacíos, vivir en contacto con la naturaleza y replantearse qué es lo que realmente necesitamos.

La segunda noche la pasamos en un hotel de Ioannina. Buscábamos algo de apariencia barata, pero no encontramos nada y entramos a preguntar el precio a un hotel-hotel… nos sorprendimos, pues era barato y el hotel estaba bastante bien… nos dijeron que ahora costaba un cincuenta por ciento menos, pues de otra forma se estaban quedando sin cliente. Eso sí, la comida y la gasolina están por los aires.

El siguiente día nos dirigimos hacia Metsovo y, como está en altura, pudimos disfrutar de paisajes increíbles nevados.

Además el tiempo fue soleado… para qué pedir más…

… pues al final del puerto una familia, que estaba pasando unos días por la zona, nos estaba esperando para regalarnos unas mandarinas y preguntarnos sobre nuestro viaje. Después de cuatro meses ha sido la primera vez que nos ha pasado, a María le ha servido para recordar muchos encuentros similares que tuvo en el anterior viaje y a mí para comprobar que estos momentos mágicos realmente existen.

Pasamos la noche en Mirsina, un pequeño pueblo amante de los hongos, donde estuvimos charlando con unos jóvenes… y por la noche, el mayor de todos volvió de su casa con pasteles y frutas …una vez más no sabes cómo agradecerlo… Todavía estamos lejos de Asia, pero tenemos la sensación de estar aproximándonos a ella.

Ya os contamos cómo la madre de Katherina, Maria, nos estaba esperando en Avles, un pueblecito del norte de Grecia y, como estaba de camino, allí aparecimos (ah! en el mismo pueblo, antes de llegar a la casa,  otra familia nos paró para saludarnos, hacernos unas fotillos y darnos unos bombones que estaban… ummm… buenísimos) y allí nos quedamos una semana, disfrutando de su generosidad, su cariño y el calorcito de su chimenea.

María aprendió a hacer la famosa Pita de Grecia, un hojaldre que rellenan con dulce o con salado…

… mientras, yo hacía una revisión profunda a las bicicletas.

“Jan da lo… Potolo”… comer y dormir… a engordar… así estuvimos en casa de Maria.

Tardes de capuccino y lecciones de griego, porque Maria habla griego y turco, nada de inglés… pero aunque parezca mentira, nos pudimos comunicar… la famosa comunicación no verbal hace milagros.

…con Telis, Litsa, Maria, Iro, y Athanasia disfrutamos de la primera comida del año, sólo faltaba Katherina.

Cuando salimos de casa de María, se quedó preocupada porque no sabíamos dónde íbamos a pasar la noche… no problem my friend… llegamos a un pueblecito donde fuimos a la escuela a buscar sitio para poner la tienda, de allí nos llevaron a la iglesia, donde dos mujeres y su familia nos invitaron a su casa. Una vez más nos damos cuenta que nos queda mucho por aprender… a mí por lo menos.

Llegamos a Tesalónica y en esta gran ciudad pudimos comprobar que la crisis está pegando fuerte con el mazo. No es fácil vivir en la gran urbe cuando tu sueldo ha bajado un 40%, cuando tu fuente de alimentos es el super, donde todo está muy caro, cuando la gasolina ha subido de 0,8 a 1,3 € de la noche al día y cuando la tasa de paro es del 26% y va para arriba.

Enoikiazetai… Se Alquila. Es la palabra más vista en Grecia, lo aprendes bien rápido.

Pero queremos repetir una vez más que, en esta dura realidad, las personas con las que nos hemos cruzado, nos han enseñado que hay otros valores con los que esta economía salvaje no puede.

Y tirando para adelante llegamos a Turquía, país muy apreciado para ciclar por los alforjeros y que nos ofreció una bonita bienvenida (bueno, en el puente de la frontera los militares griegos nos tomaron un poco el pelo diciendo que había problemas y que los militares turcos no nos iban a dejar pasar… uppps! Por unos momentos pensamos que era cierto y que había pasado algo pero no nos habíamos enterado).

A los pocos minutos ya había parado un coche preguntándonos de donde veníamos y ofreciéndonos su casa de Ankara, ostras que buena sensación! Para mí son cosas nuevas que te llenan de felicidad. En el camino a Kesan fueron innumerables las bocinas de bienvenida que recibimos, bueno, algún que otro perro también nos dio la bienvenida, a su manera.

Sabíamos que en Kesan había dos personas de WS y, como no nos pusimos en contacto con anterioridad pero teníamos los teléfonos, decidimos llamar y… ¡klinnn! Perfecto, ningún problema, tenéis casa y si queréis mañana podéis venir a una salida montañera que realizamos los domingos… qué queremos más?!

Fue un día de lluvia y nieve, todo un lujo poder compartirlo con estas personas, que nos enseñaron nuestras primeras palabras en turco  y nos hicieron sentir un poco más conectados con esta tierra.

Por teléfono contactamos con Esen y en el Club de ciclismo y montañismo Kesan Doçek, nos tomamos un té mientras decidían el sitio donde nos quedaríamos, que fue en casa de Rahman…

… un peazo de artista que nos regaló este dibujo.

Al día siguiente llegamos a Estambul en autobús y, con la nieve que estaba cayendo, tuvimos que negociar con este taxi ilegalillo para que nos llevara a casa de Osman, nuestro contacto de WS.

Los tres primero días los pasamos entre nieve en casa de Osman. Al cuarto nos fuimos a pasear por el centro de Estambul.

Con el frío que hacía, buscamos resguardo en los bazares llenos de tiendas.

En estos momentos yo estoy en Estambul y María se ha ido a Murcia. El 31 de diciembre su hermano Sergio y Sofía fueron padres de una niña, Leo, y María ha ido a visitarles.

Después de ciclar por caminos y pueblecitos tranquilos, llegar a una ciudad de quince millones de habitantes, parece que no va a ser fácil sentirse a gusto. Pero, en estos días que me quedo por aquí, estoy dispuesto a disfrutar de lo que me ofrece esta mágica ciudad. Y así lo estoy haciendo…

… sintiendo el cambio cultural que vamos a vivir los siguientes meses…

… gozando de las situaciones Kafkianas que se dan en esta lugar de mil mezclas…

… conociendo a ciclo viajeros que están cumpliendo sus sueños y que normalmente paran en Estambul para conseguir las visas y disfrutar de la ciudad… (Chris repite muchas veces que para él, es la capital que más le gusta)…

… y disfrutando de los colores que se crean cuando empieza a caer el sol.

Al final Estambul ha conseguido que esté a gusto en una gran ciudad…. es fácil, os lo aseguro.

Y yo (María) hago un pequeño paréntesis y me acerco a conocer a mi sobrina Leo… preciosa… al verla se te olvida que acabas de hacer en unas horas, lo que pedaleaste durante cuatro meses… me llevo un cachito de ella, sus mofletes blanditos, sus ojos cerrados, abiertos y los que se quieren abrir pero no pueden, por el sueño, su olor, su respiración y su calor cuando se queda dormida en mis brazos… muchas gracias…

(Si queréis ver más fotos de esta etapa y de las anteriores, las tenéis en más fotos picasa)

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